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LA PREGUNTA DEL DIA

¿Volveremos a ser Iguales?

marzo, 2020

Después de todo esto, volveremos a ser iguales?

Nadie está preparado para algo así.

Tampoco imaginamos que las calles quedarían desiertas, que los bares no tendrían su murmullo cotidiano o que en las plazas no se moverían los columpios.

Ni siquiera pensamos que el tiempo se iba a detener lentamente y calaría hondo en un estado de letargo insospechado.

De repente no hay sombras en las noches iluminadas, porque no hay caminantes que las dibujen.

Los días se estiran demasiado aunque tengan exactamente las mismas e irrebatibles horas.

El silencio se convierte en un ruido desconocido que se hace infinito.

Y todo cambia en un simple chasquido, sólo que éste se retorció en cámara lenta.

Entonces  sucumbimos al cambio que de repente, y por momentos, nos abarrota el cerebro de preguntas.

¿Volveremos a ser iguales?

¿Tendremos el mismo entusiasmo para hacer lo que hacíamos?

¿Querremos de la misma manera a quien tenemos al lado?

¿Podremos enfrentar tantas muertes con la entereza de un superviviente?

¿Valoraremos desde lo más profundo de nuestro corazón lo que tenemos?

¿Abriremos los ojos para darnos cuenta cuanto nos sobraba?

¿Seremos capaces de apreciar el tiempo, que ya hasta el oro sabe a poco?

¿Romperemos el velo para ver los buenos corazones?

¿Aprenderemos algo que nos rescate de lo cotidiano?

¿Nos veremos igual que hace unos meses atrás?

¿Podremos ser más sensibles?

¿Sentiremos con la piel ese abrazo que antes esquivábamos por tener tanta prisa?

¿Cultivaremos el decir te quiero sin pensar que el otro pueda sentirse incómodo?

¿Replantearemos nuestras vidas?

¿Se alterará nuestra manera de pensar?

Tengo tantas preguntas … tantas que no puedo dejar de imaginármelas.

Parece que se me antoja tener respuesta para todo.

Nada va a ser como antes; podremos moldearnos de a poco a la antigua rutina, pero habrá algo dentro nuestro que nos hará encajarnos diferente.

Tendremos otras sensaciones, sobre todo veremos las cosas de otra manera.

Saludaremos con esa cordialidad que no era innata en nosotros.

Nadie pensó que el tiempo se iba a detener lentamente y calaría hondo en un estado de letargo insospechado.

Experimentaremos el hábito de las buenas costumbres y la sonrisa matinal con desconocidos.

Disfrutaremos ese apretón de manos y el cafecito a media mañana fuera de la oficina.

Ciertamente el paseo al mercado nos sabrá a gloria bendita.

Y así sin darnos cuenta habremos cambiado el mundo, esta tierra que tanto nos pedía a gritos que nos detuviéramos un segundo.

Porque aunque muchos no tengan conciencia de ello, esto nos cambió, el mundo nos cambió.

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