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CHIC & VINTAGE

Cuando ataviar un vino tiene nombre propio

abril, 2020

Ataviar un vino con sus mejores galas para contar una historia a través de su etiqueta, es lo que hace que nos apetezca probarlo.

Muchos de nosotros compramos los vinos sin tener una idea muy clara de porqué los escogemos.

Entonces vamos haciendo un repaso con la mirada una y otra vez por las miles de botellas de las estanterías.

Recorremos vinotecas dejando que algo halague nuestra curiosidad, hasta que nos detenemos en una que nos ha llamado la atención.

Es decir, no sabemos si es un Rioja, Merlot, Cabernet, Pinot Noir, Tempranillo, Verdejo o Barbadillo.

Por otro lado no conocemos la cepas, tocamos de oído, pero algo ha captado nuestra mirada y hemos quedado maravillados.

Es su presentación, el ID de los vinos, eso que nos hace estudiar minuciosamente la botella con interés profundo: su etiqueta.

Y en este párrafo es donde me detengo con admirada fascinación ante la exquisitez de los trabajos de mi querido amigo Carlos Mena Bayón.

Carlos lleva más de veinte años dedicado al diseño de etiquetas de vino, dando vida a sabores y olores de muchas bodegas españolas.

Me gusta su trabajo, como concibe la idea de una marca y empieza a cultivarla  desde su espacio de trabajo y los paseos por el campo.

Sobre todo la manera en que desmenuza las ideas que transporta a tu lápiz y va dejando caer en una hoja en blanco me seduce.

Pero lo más fascinante es ver esa nueva transformación que hace de sus dibujos a mano alzada, terminando los detalles finales en su ordenador.

Además los matices, las sombras que enfatizan el relieve que contará la historia en esa etiqueta de manera única e inimitable.

“Para mí es mucho más importante el valor artístico, la originalidad. Siempre busco algo que me emocione para empezar a trabajar .”

Ciertamente la diferencia la hacen sus exquisitas líneas o el trazado elegante que mimetiza la realidad con el concepto final.

Y la conjugación de formas geométricas que entrelaza, jugando con el trazo e hilvanando nuevas formas con vida propia.

 Tipografías dinámicas,  imágenes frescas para vestir la botella de un vino que volatilizan precisamente las mismas notas que el diseño que le representa.

Hoy son botellas las que muestran su talento, mañana serán otros soportes, pero allá donde se plasmen, el inconfundible trazo de Carlos Mena Bayón brillará.

 

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